La misma opinión se percibe de manera diferente en París, Varsovia, Milán y Londres.

Escrito porJoss Gillet22 de octubre de 20267 min de lectura
La misma opinión se percibe de manera diferente en París, Varsovia, Milán y Londres.

Lo que en Varsovia parece claro, en Milán se percibe como una falta de respeto: la brecha en la retroalimentación que no puedes ignorar

Imagina lo siguiente: un miembro del equipo te hace la misma pregunta dos veces en una semana. No una vez, sino otra más: con las mismas palabras, sobre el mismo tema. En tu cabeza, te preguntas: ¿es que no está escuchando o simplemente se está poniendo difícil? Pero espera un momento. ¿Y si, en su cultura, volver a confirmar algo es una señal de cuidado, y no de descuido?

No es ficción. Ocurrió en un equipo real: un compañero no dejaba de volver sobre preguntas ya respondidas, simplemente para ser minucioso. Para algunos, se interpretó como diligencia; para otros, como falta de respeto. (Lee el caso original aquí.)

Esta es la tensión oculta que subyace en los equipos internacionales. Redactas un correo electrónico de retroalimentación: educado, conciso, quizá incluso amistoso. Pero la misma frase puede parecer de apoyo en Londres, condescendiente en París, brusca en Varsovia o excesivamente vaga en Milán. ¿El resultado? Confusión, malentendidos y, a veces, una lenta pérdida de confianza.

Entonces, ¿cómo saber cuándo los comentarios fomentan el compromiso o, por el contrario, lo erosionan silenciosamente? Esto es lo que debes tener en cuenta en París, Varsovia, Milán y Londres, con ejemplos concretos de cada ciudad. Sin guiones, solo patrones que puedes empezar a observar hoy mismo.

7 formas en que la retroalimentación se percibe de manera diferente en París, Varsovia, Milán y Londres

1. Franqueza: lo que en Varsovia se considera sincero, en Milán resulta hiriente

La franqueza —el arte de decir exactamente lo que se piensa— varía de una ciudad a otra en Europa. En Varsovia, las críticas claras y sinceras suelen considerarse una muestra de respeto: significa que te preocupas lo suficiente como para explicarlo con detalle. Un jefe de equipo polaco podría decir: «Este enfoque no está funcionando. Probemos otra cosa». Sin disculpas, solo los hechos.

Pero en Milán, esa misma frase puede sonar como una bofetada. Los italianos suelen valorar la calidez y la indirecta, utilizando el contexto y el tono para suavizar el golpe. Lo que en Varsovia se percibe como una opinión sincera puede parecer frío, incluso conflictivo, en Milán.

Ejemplo: un directivo afincado en Varsovia le dice a un compañero milanés: «Tu presentación carecía de detalles». ¿La respuesta? Silencio, quizá incluso retraimiento. La intención se pierde en la forma de expresarla.

2. El elogio: reservado en París, esperado en Londres

El elogio es un motivador universal, pero cómo, cuándo y en qué medida se ofrece no es en absoluto universal. En París, los elogios pueden ser escasos y a menudo se expresan con sutileza. El exceso de elogios puede sonar falso, incluso sospechoso. Un directivo francés podría decir: «Bien, mais…» («Bien, pero…»), siempre seguido de una sugerencia de mejora.

Contrasta esto con Londres, donde el refuerzo positivo no solo es habitual, sino que se espera. Los jefes británicos suelen preceder sus comentarios con palabras cálidas y alentadoras: «Buen trabajo con el informe, solo hay una cosa que hay que retocar…».

Ejemplo: cuando un jefe de equipo británico dice «¡Ha sido brillante!», en Londres se percibe como algo normal, pero hace que los compañeros parisinos se pregunten si hay alguna trampa oculta.

3. Crítica: ¿envueltita o al descubierto?

La forma de expresar las críticas —de manera directa o intercaladas entre elogios— transmite respeto, jerarquía e intención. En Milán, las críticas suelen presentarse en su contexto, a veces veladas con humor o anécdotas. La crítica directa puede resultar demasiado dura, especialmente en entornos grupales.

París se sitúa en un término medio: se valora la franqueza, pero se espera inteligencia emocional. La crítica se centra en el trabajo, no en la persona, y a menudo se plantea desde un punto de vista filosófico («¿Qué podemos aprender de esto?»).

Ejemplo: un directivo milanés ofrece su opinión diciendo: «Lo has hecho bien en X, pero quizá la próxima vez podríamos…». En Varsovia, un compañero podría saltarse el preámbulo: «Esto no da la talla». El mismo mensaje, pero con un enfoque radicalmente diferente.

4. Repetición: ¿claridad o desafío?

¿Recuerdas la historia real de aquel miembro del equipo que no paraba de hacer la misma pregunta? En algunas culturas, la repetición denota diligencia: una forma de verificar y evitar errores. En otras, indica falta de atención o, peor aún, un desafío a la autoridad.

Este patrón también puede darse entre Londres y París. Los equipos británicos pueden interpretar las preguntas repetidas como un signo de incertidumbre y responder aclarando o aportando más contexto. Los equipos parisinos pueden interpretarlo como falta de atención, esperando que los compañeros sigan el hilo sin necesidad de recordatorios.

Ejemplo: Un analista con sede en Londres vuelve a preguntar sobre un detalle del proyecto. El responsable del proyecto parisino se impacienta y piensa: «¿No habíamos hablado ya de esto?».

5. Jerarquía: ¿hasta dónde puedes llegar?

La jerarquía influye profundamente en la forma de dar retroalimentación. En Varsovia, los títulos formales y las estructuras claras pueden hacer que el personal subalterno espere a que se le invite antes de expresar su desacuerdo. Criticar a los superiores —especialmente por escrito— puede parecer arriesgado.

En Londres, a menudo se espera que se planteen objeciones abiertamente, incluso a los altos directivos. «Debatámoslo» es señal de compromiso. En Milán y París, los límites pueden difuminarse: las objeciones son bienvenidas, pero deben equilibrarse con las señales sociales y la deferencia. Los comentarios a los superiores suelen ser indirectos y, a veces, se transmiten en privado.

Ejemplo: Un ingeniero junior en Varsovia duda en cuestionar el plan de un responsable durante una llamada en grupo. Su homólogo británico pregunta: «¿Hemos considerado otra opción?», sin perder el ritmo.

6. Tono emocional: ¿lógica fría o calidez expresiva?

La retroalimentación no se reduce a las palabras: tiene que ver con el matiz emocional que hay detrás de ellas. En París, un tono frío y lógico denota seriedad. En Milán, la calidez y la expresividad forman parte del conjunto; la retroalimentación suele ser animada y relacional.

Para los londinenses, la sutileza y el humor suavizan las asperezas. En Varsovia, el enfoque neutro y basado en los hechos suele ser la norma; la emoción manifiesta puede interpretarse erróneamente como una pérdida de control.

Ejemplo: Un product owner italiano ofrece retroalimentación con una sonrisa y gestos animados. Los compañeros de Varsovia pueden interpretarlo como una falta de seriedad, mientras que los compañeros milaneses lo ven como un compromiso genuino.

7. Equidad: la trampa de la coherencia

En los cuatro mercados, una constante es el deseo de equidad, pero las definiciones varían. Según Harvard Business Review, el 71 % de los empleados de 1.000 empresas afirmaron que sus evaluaciones de rendimiento presentaban problemas de equidad. Cuando las normas de retroalimentación son inconsistentes entre culturas, las personas perciben rápidamente un sesgo, incluso si las palabras son idénticas.

Ejemplo: una plantilla estandarizada de retroalimentación resulta neutra en Londres, pero se percibe como insensible en Milán, donde el contexto importa más que la formalidad. En París, la equidad significa rigor intelectual; en Varsovia, claridad en los procedimientos.

Por qué es importante dar una retroalimentación adecuada

No se trata solo de una cuestión de cortesía, sino de algo fundamental para el negocio. Gallup descubrió que el 80 % de los empleados que recibieron retroalimentación significativa durante la semana anterior afirmaron estar plenamente comprometidos con su trabajo. El compromiso impulsa la retención, la productividad y la confianza. Pero cuando la retroalimentación no se adapta al contexto local, puede erosionar estos cimientos —a veces de forma sutil, otras de golpe—.

“En España, una retroalimentación eficaz combina la franqueza con el respeto por la relación personal; es fundamental enmarcar la crítica en el contexto de la mejora conjunta.” — Tanya G. Johnson, Formador en comunicación

Fíjate en el patrón antes de elegir las palabras

Si alguna vez te has preguntado por qué tus comentarios se perciben de forma diferente en París, Varsovia, Milán o Londres, no estás solo. El riesgo no es solo un ego herido, sino también objetivos no alcanzados, falta de compromiso y un progreso lento. La solución no es un guion, sino la conciencia. Empieza por fijarte en lo siguiente: ¿cómo responden tus compañeros a la franqueza, a los elogios y a las objeciones? ¿Qué es lo que no se dice, pero se percibe?

Antes de redactar tu próxima actualización o iniciar tu próxima reunión individual, reflexiona: ¿Cuál es el patrón aquí? ¿En qué puntos podrían divergir mi intención y sus expectativas?

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Joss Gillet

Founder, Kompunik · Two decades building and leading teams

Joss es el fundador de Kompunik, una plataforma de aprendizaje multilingüe sobre soft skills y orientación profesional. A lo largo de veinte años, tanto en grandes corporaciones como en start-ups, ha creado y dirigido equipos en el Reino Unido, la India y Francia, reportando a interlocutores desde Estados Unidos, México y Brasil hasta China, Japón, Australia y África. En dos ocasiones se incorporó a una empresa en su etapa más temprana —un puñado de personas con ilusión— y la dejó una década después convertida en una organización de 30 a 50 personas, con productos que rendían en sus mercados e ingresos recurrentes más que duplicados. Por el camino se especializó en crear productos de software, datos e impulsados por IA en los que confían líderes de los sectores de las telecomunicaciones y la agricultura. Esa experiencia —contratar, motivar y retener a quienes hacen que las cosas ocurran— es lo que Kompunik está hecho para transmitir.

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